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Estaba pescando estrellas para subirlas al pentagrama de mi corazón y acompasar los latidos - que suenan pero no brillan - mientras corren carreras desbocadas , como si les fuera la vida en la tarea de latirte y esperarte. Todavía tengo hilos de plata, de las últimas curvas prestadas por la luna blanca, grande y llena. También tengo las manos listas para acariciarte. Y la piel tibia para amarte. El lamento es tenue, casi imperceptible. Es un quejido de princesa. Ven. Hoy te espero plateada, te espero hasta que llegues. Me acompañarás, plateado, hasta que te vayas.

©fdL